Comprender el origen de una corrosión en polvos metálicos
Una problemática de corrosión en polvos metálicos puede tener varios orígenes: contaminación particulada, oxidación superficial, presencia de agentes corrosivos, heterogeneidad del material, desviación de la composición química o condiciones de almacenamiento y reciclaje inadecuadas. En los sectores de la metalurgia y de la fabricación aditiva, estos fenómenos pueden degradar la fluidez, modificar la reactividad superficial, favorecer las inclusiones e impactar en el comportamiento final de las piezas. El reto consiste, por tanto, en remontar rápidamente al origen de la corrosión para distinguir un defecto del material, un defecto de proceso o una contaminación externa. Para profundizar en los retos relacionados con los polvos en fabricación aditiva, consulte nuestra página dedicada a la caracterización de polvos metálicos y nuestro contenido sobre la fabricación aditiva de piezas metálicas.
Observar los defectos, inclusiones y facies características
La experiencia comienza con la observación de la morfología de los polvos o de las superficies degradadas: estado superficial, porosidad, irregularidades, grietas, rozaduras, inclusiones, depósitos o zonas oxidadas. En caso de rotura en una pieza, el análisis fractográfico permite caracterizar el modo de rotura, ya sea frágil, dúctil o por fatiga, y después buscar indicios de un ataque corrosivo. El microscopio óptico, el MEB-EDX, el MEB-FEG y, según las necesidades, la tomografía RX permiten visualizar los defectos y localizar las zonas a analizar.
Medios analíticos para polvos y piezas metálicas
Las investigaciones se apoyan en medios complementarios: MEB-EDX para la morfología y la composición local, microscopio óptico para las observaciones metalográficas, durómetro para las comparaciones de dureza, ICP para el análisis de composición, analizadores elementales C/S, N/O y H para el control de gases y elementos ligeros, DRX para la identificación de fases e impurezas cristalinas, así como XPS para la química de la superficie extrema. En el caso de los polvos, los controles de granulometría, densidad, fluidez, humedad y morfología completan la investigación. Como complemento, nuestra experiencia en análisis reológico de polvos puede ayudar a relacionar el estado superficial con el comportamiento de flujo.
Resolver rápidamente una no conformidad o una falla
Recurrir a un laboratorio experto permite ganar tiempo en la identificación de las causas raíz: contaminación de un lote, desviación de la aleación, oxidación anormal, inclusión, defecto superficial o incompatibilidad entre proceso y material. El objetivo no es solo constatar la corrosión, sino relacionar las observaciones analíticas con una decisión industrial: aceptar o bloquear un lote, ajustar un parámetro de fabricación, revisar un almacenamiento, cualificar a un proveedor o corregir un tratamiento superficial.
Una experiencia analítica para caracterizar los materiales y asegurar los procesos
Un laboratorio experto acompaña a los industriales para determinar el origen de una falla mediante un enfoque multitécnico y multiescala. La investigación puede incluir el examen de la superficie, la identificación de los productos de corrosión, la verificación de las aleaciones metálicas, la búsqueda de impurezas, el análisis de la composición elemental y la comparación entre lotes conformes y no conformes. Este enfoque permite validar la resistencia de los materiales y de los tratamientos superficiales, anticipar los riesgos antes de la industrialización y hacer más fiables las etapas de cualificación, producción o reciclaje de los polvos.
Identificar la química superficial y los elementos traza
Para comprender un análisis de corrosión, es necesario determinar la naturaleza química de las especies presentes en la superficie y en el volumen. Los análisis mediante ICP-AES, ICP-MS, análisis elemental C/S, N/O, H, DRX y XPS permiten verificar la composición de la aleación, detectar elementos traza, poner de manifiesto impurezas cristalinas e identificar estados de oxidación o de pasivación. Este enfoque es especialmente útil para comparar el polvo con unas especificaciones, verificar una aleación metálica o buscar un agente oxidante o corrosivo.
Ensayos de resistencia a la corrosión y control de tratamientos superficiales
Cuando el objetivo es validar la resistencia de un material o de un recubrimiento, pueden realizarse ensayos electroquímicos: medición del potencial libre OCV, velocidad de corrosión por LSV, impedancia electroquímica EIS y estudio del acoplamiento galvánico. Los ensayos de envejecimiento acelerado y de niebla salina también permiten evaluar la resistencia a la corrosión, la homogeneidad de un tratamiento superficial y la pérdida de espesor de un recubrimiento. Estos datos son útiles tanto en la pericia de fallos como en la cualificación de procesos.
Asegurar la I+D, la industrialización y el reciclaje de los polvos
Esta experiencia también es estratégica para la fabricación aditiva, donde la estabilidad de los polvos condiciona la repetibilidad del proceso y el rendimiento final de las piezas. Un estudio comparativo entre lotes, un seguimiento del reciclaje o una caracterización inicial permiten anticipar las desviaciones antes de que afecten a la producción. Los industriales también pueden desarrollar sus competencias gracias a una formación sobre análisis de polvos metálicos adaptada a sus retos técnicos.
Definir la necesidad, analizar, comparar, concluir
Para iniciar una experiencia, conviene precisar el contexto de aparición del defecto, el tipo de polvo o de aleación afectado, el historial de almacenamiento o de reciclaje, las especificaciones esperadas y, si es posible, los lotes de referencia. A continuación, el estudio puede estructurarse en torno a la observación, el análisis químico, la caracterización de la superficie, la comparación entre lotes y la interpretación de los resultados en relación con el proceso industrial. Este enfoque permite llegar a una conclusión fundamentada sobre el origen de la corrosión y sobre las acciones que deben emprenderse.