¡De la cultura del dato a la búsqueda de valores... humanos!
Emprender es lanzarse a la aventura. Una aventura cuyo destino se fija sin conocer la ruta. Así, para avanzar, necesitamos referencias, indicadores. En la empresa, como en un avión, los indicadores permiten evaluar nuestra situación. Indican dónde estamos, a qué velocidad nos desplazamos y en qué dirección. Si algo no encaja con el destino elegido, ponemos en marcha acciones y vigilamos nuestros indicadores para asegurarnos del efecto esperado.
Asimismo, las herramientas de ayuda a la decisión, KPI (Key Performance Indicator), OKR (Objectives and Key Results), BI (Business Intelligence) permiten evaluar la situación de una empresa y medir su rendimiento, su estado de salud y su resiliencia. Sin indicadores, estamos ciegos y resulta difícil tomar decisiones.
Porque ese es precisamente el objetivo principal de estos indicadores: objetivar una situación para poder elegir. Esto permite, una vez liberados de nuestros prejuicios, tomar la decisión más justa posible. De ahí nació una verdadera cultura del dato, acelerada por los medios informáticos y los modelos predictivos cada vez más elaborados que permiten simular los efectos de tal o cual elección.
No obstante, los indicadores siguen siendo simples herramientas. Por sí solos, no permiten tomar sistemáticamente las decisiones correctas. Hay tres elementos que conviene tener presentes:
Un indicador solo es útil si se sabe exactamente cómo está construido y cómo funciona. Los indicadores son cada vez más complejos y, por tanto, más difíciles de entender. Ahora bien, sin una reflexión sobre la evolución de tus indicadores, sin comprender cómo pueden evolucionar con precisión, el indicador, por muy objetivo que sea, no te aportará nada bueno. «Hay que saber leer los datos», me decía mi jefe. Así, si un altímetro barométrico tiene como objetivo medir la altitud del avión, una pequeña variación del mismo puede indicar tanto un cambio de altitud como la entrada en una depresión. Esto demuestra que nunca hay que mirar un indicador de forma aislada y que la objetividad solo se consigue mediante el análisis de varios indicadores y tomando distancia respecto a ellos.
El indicador es una herramienta y no un fin en sí mismo. Muy a menudo, al seguir el indicador, olvidamos el objetivo perseguido. Como permiten elegir sin pensar y sin sentir, los indicadores pueden pasar a primer plano en detrimento de otros aspectos. Al contrario, debemos convertir nuestros indicadores en una fuente de humanización de nuestras decisiones. En efecto, los indicadores permiten detectar las fallas. Estas pueden deberse a la organización, pero también a las personas. Los indicadores pueden servirnos para alertarnos sobre la buena salud y el buen estado de ánimo de cada uno. Al utilizarlos como un elemento pedagógico, los indicadores permiten tomar conciencia del propio trabajo, de su calidad y, por tanto, apreciar el camino recorrido y la propia evolución humana.
El valor humano es inconmensurable. Es una obviedad que se olvida rápidamente. Prestar atención solo a los números deshumaniza nuestras decisiones. Sin embargo, poca gente se subiría a un avión sin ningún indicador, y menos aún aceptaría subir a un avión sin tripulación. La aventura es, ante todo, humana y el indicador no hace la acción. No olvidemos que detrás de cada cifra hay una montaña de trabajo y que detrás de esa montaña hay mujeres y hombres implicados que hacen perdurar la aventura o que hacen volar el avión.
Así pues, a todos los que desean lanzarse a la aventura, lleven bien una o dos brújulas, pero sobre todo partan con una gran tripulación que quiera ir al mismo lugar que ustedes.
Por Thomas Rousseau, Director Científico y Técnico
Thomas ROUSSEAU Director Científico y Técnico Tel : 03 80 52 32 05 Email : contact@filab.fr