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La innovación científica: del investigador al emprendedor

Por Elisa DEWALLY

Emprendedores y científicos, definiciones que los enfrentan…

¿Puede un científico ser creativo e innovador? Veamos con más detalle de qué se trata. La creatividad es la capacidad que tiene un individuo para crear algo nuevo. Esto requiere tener una visión «fuera de la caja» y cuestionar constantemente lo existente. Una definición que, a priori, encaja poco con la de las ciencias, que por su parte pertenece al ámbito de lo adquirido y del conocimiento.

El científico experimenta y estudia los fenómenos que observa; se ajusta a las exigencias de objetividad, método y precisión propias de los ámbitos científicos. Por el contrario, el emprendedor es, como señalaba Joseph Schumpeter, «el Hombre de la innovación», que busca sacudir la rutina y llevar a los demás hombres a hacer otra cosa que la que la razón, el miedo o el hábito les dictan hacer.

Por último, el investigador científico estudia la naturaleza por sed de conocimiento y por interés intelectual. La obsesión por el descubrimiento es la razón de ser del investigador, aunque estas investigaciones no conduzcan a una aplicación concreta. Para el emprendedor, los intereses son de orden económico y están orientados al desarrollo de una empresa (riqueza, empleo).

En resumen, a primera vista, emprendedor y científico son dos seres que difícilmente podrían convivir. Sin embargo, el mundo moderno nos muestra que muchas empresas o start-ups son hoy creadas y dirigidas por científicos. Entonces, ¿de dónde vienen estos nuevos perfiles?

El nacimiento del emprendedor científico

La industrialización marcó el punto de partida de estos nuevos perfiles. Mientras que históricamente los investigadores y los emprendedores (o artesanos) ejercían actividades bien distintas, las grandes empresas comenzaron a internalizar laboratorios de investigación con el fin de poner en valor los inventos científicos en aplicaciones económicas concretas. Paralelamente, el Estado participa en el desarrollo de las ciencias, gracias a proyectos de financiación, programas científicos, un mejor acceso a la formación, etc.

Este encuadre privado o público ha responsabilizado e implicado progresivamente a los investigadores respecto a los retos económicos de su proyecto de investigación.

Desde el siglo 19º, la creación de empresas por perfiles científicos ya no es tan rara; puede citarse el ejemplo de Eugène Claude, quien creó en 1902 la empresa Air Liquide al final de su formación en la Escuela Superior de Física y Química. Hoy se le asocian numerosas patentes y su éxito económico no ha afectado a su reconocimiento como gran científico… ¡Ser investigador y creador de empresas es posible!

La deeptech: la nueva tendencia de la innovación científica

Demos un salto hacia adelante, ¿dónde estamos hoy?

Después de la epopeya de las start-ups de la web y de su self made man* (Mark Zuckerberg de Facebook, Jeff Bezos de Amazon, Frédéric Mazzella de Blablacar…), ¡las nuevas estrellas del emprendimiento parecen ser ahora… investigadores!

Eso es, en todo caso, lo que indica la aparición de las «deep tech», un término utilizado para hablar de las empresas y los laboratorios de investigación ambiciosos que innovan para cambiar en profundidad los modos de concepción y de producción. Fruto de avances científicos desarrollados en los laboratorios, estas innovaciones disruptivas proceden de largos trabajos de investigación y abarcan numerosos ámbitos: energía, salud, industria, transporte…

Desde hace algunos años, estos perfiles de empresas se han disparado en Europa, Estados Unidos y Asia. Francia, en particular, va por buen camino para imponerse en este giro económico gracias a un buen acompañamiento público, infraestructuras adaptadas y talentos científicos con voluntad de emprender.

«No llevamos la misma camiseta, pero compartimos la misma pasión»

Asistimos, por tanto, a un profundo cambio cultural en el que los jóvenes científicos aspiran ahora a crear su propia empresa.

François Maugiuière, profesor de neurología en la Universidad Claude Bernard Lyon 1, incluso dirá que es «queriendo innovar como uno se convierte en investigador». Definirá la investigación científica como una manera de aumentar el conocimiento en torno a un tema para favorecer la innovación, combinando pensamiento, método y técnica.

Aunque todavía existan ciertas divergencias ideológicas, el mundo del emprendimiento y de la investigación científica avanzan claramente en una misma dirección: innovar para responder a diversas problemáticas y encontrar soluciones que darán forma al mundo del mañana.

En FILAB, queremos dar a nuestros equipos los medios para aprovechar sus talentos y su curiosidad científica e insuflar un espíritu creativo y aventurero en su proyecto de investigación. Una ideología que, en mi opinión, es absolutamente compatible con la integridad y el rigor que caracterizan a los científicos.

*el hombre que crea su éxito por sí mismo

Referencias:

https://www.lemonde.fr/festival/article/2015/06/01/les-jeunes-scientifiques-veulent-creer-des-entreprises_4645184_4415198.html

https://www.latribune.fr/technos-medias/startups-du-laboratoire-a-l-entreprise-l-essor-des-deep-tech-679148.html

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