La razón se opone comúnmente a las emociones.
Históricamente, la emoción fue durante mucho tiempo considerada como una perturbación de un estado normal.
Nuestras emociones representaban una afección que perjudicaba nuestro razonamiento lógico y, en términos más generales, nuestro comportamiento. El cerebro, sede de la razón, tenía por tanto como objetivo controlar el corazón, sede de las pasiones y las emociones… en otras palabras, había que «mantener la cabeza fría».
El corazón tiene razones que la razón ignora
Este pensamiento occidental se inspiró especialmente en René Descartes, que oponía estas dos nociones: la razón por un lado, las emociones por el otro.
En el mejor de los casos, se trata de una convivencia pacífica: conectadas a nuestras sensaciones, las emociones nos permiten sentir alegría ante la belleza de un paisaje, por ejemplo, mientras que la razón se encarga de las facultades cognitivas llamadas «superiores» (abstracción, intelecto, deducción, razonamiento…). En el peor de los casos, las relaciones son tormentosas, y las emociones enturbian la lucidez y dificultan la toma de decisiones. En ambos casos, los territorios están bien diferenciados. Sobre esta idea persistente se ha construido nuestra civilización occidental.
¿Qué es una emoción?
Es un estado afectivo intenso, caracterizado por diversos trastornos (como la aceleración del pulso), habitualmente provocado por una estimulación procedente del entorno.
A modo de ejemplo personal, el pasado 29 de junio tuve la suerte de tocar en el Stade de France junto a 1000 músicos… (Rockin’1000). Una experiencia única, emocionalmente impactante.
¿Por qué? Imagínese por un segundo la situación: que una multitud de más de 50000 aficionados venidos para verlo a usted le aplauda… un auténtico shock emocional… tanto amor, tantas muestras de simpatía por parte de desconocidos, pasiones compartidas, … un momento inolvidable en el que uno tiene la impresión de estar en un estado de éxtasis… y en el que la razón no tenía cabida…
¿Pero qué ha pasado?
Nuestra materia gris es el escenario de numerosas reacciones químicas. Estas están influenciadas por nuestros actos, nuestro entorno… pero también por sustancias químicas (neurotransmisores, neuromoduladores y hormonas) que influyen considerablemente en nuestra vida:
1/ Adrenalina (o epinefrina) y cortisol.
Lo que siento: tengo miedo escénico…
La palabra «adrenalina» es una marca registrada, por lo que utilizaremos el término científico, epinefrina.
La epinefrina es una hormona, o un neurotransmisor, relacionado con el estrés, el riesgo y la excitación. Permite aportar al cuerpo suficiente energía para afrontar una situación percibida como urgente o importante.
El cortisol es una hormona de la familia de los glucocorticoides, sintetizada a partir del colesterol y liberada bajo el efecto del estrés para proporcionar energía, al igual que la adrenalina. Alcanza su máximo a primera hora de la mañana y su mínimo durante la noche y al comienzo de la tarde, lo que explica en parte la disminución del rendimiento físico y cognitivo que experimentamos en ese momento del día.
2/ Dopamina
Lo que siento: todo va sobre ruedas…
La dopamina es «el neurotransmisor de la felicidad», una neurohormona. Cuando sintetizamos grandes cantidades de dopamina, somos más positivos. La dopamina también interviene en el movimiento; la enfermedad de Parkinson se caracteriza por una deficiencia de este neurotransmisor.
La cafeína o el chocolate son dos sustancias legales que influyen en la síntesis de dopamina. El deporte también favorece la producción de dopamina.
3/ Endorfina
Lo que siento: aunque sea madrugador, me duele (menos)…
La endorfina es un opiáceo natural, producido por la glándula pituitaria, que actúa como analgésico. Los deportistas liberan endorfinas, lo que les permite mantener esfuerzos importantes.
Ciertas estimulaciones táctiles de la piel envían mensajes al cerebro que estimulan la producción de endorfinas y oxitocina. Una vez más, es importante tocar al otro.
4/ Melatonina
Lo que siento: Sleepnow in the fire…
La secreción de melatonina, llamada «hormona del sueño», está relacionada con la intensidad de la luz natural. Algunas depresiones como la apatía y el estado de ánimo estarían asociadas a la melatonina. Esto explicaría las depresiones invernales crónicas.
4/Acetilcolina
Lo que siento: Shh, estoy aprendiendo mis escalas…
La acetilcolina es un neurotransmisor que influye en la memoria a largo plazo, la motivación, la atención e incluso la agresividad. Liberada en gran cantidad durante el sueño, está por tanto muy implicada en el aprendizaje.
5/ Serotonina
Lo que siento: como ganas de sangre en las paredes…
La serotonina es un neurotransmisor derivado del triptófano (un aminoácido) y un neuromodulador con múltiples efectos. La ira está en parte relacionada con un bajo nivel de serotonina…
Como habrán comprendido, una emoción no le hace perder la razón por casualidad… todo es cuestión de química…
Pero, según usted, ¿es realmente irracional (o poco razonable) no escuchar las emociones?
Por Benoît PERSIN
Director Comercial
Fuentes:
https://www.cerveauetpsycho.fr/sd/emotions/emotions-et-raison-6486.php