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¿Cómo distinguir la corrosión galvánica y la corrosión por picaduras?

En la práctica, descubrir rastros de degradación en piezas metálicas siempre es una mala noticia. Pero para tratar el mal, primero hay que identificarlo. Dos fenómenos de corrosión aparecen con frecuencia: la corrosión galvánica y la corrosión por picaduras.

Aunque ambas provocan una pérdida de material, sus orígenes y su aspecto difieren radicalmente. Aquí tiene las claves para no confundirlas.

La corrosión galvánica: el matrimonio tóxico

La corrosión galvánica se produce cuando dos metales de distinta naturaleza entran en contacto (eléctrico) en un medio conductor (humedad, agua salada).

  • El mecanismo: es el principio de una pila. El metal menos noble (el ánodo) se sacrifica y se corroe para proteger al metal más noble (el cátodo).

  • El aspecto: se localiza precisamente en la unión entre los dos metales. Se observa una pérdida de masa importante en uno de los componentes, mientras que el otro permanece intacto.

  • Ejemplo típico: un tornillo de acero inoxidable sobre una placa de aluminio en un entorno marino. El aluminio (menos noble) literalmente se va a «derretir» alrededor del tornillo.

La corrosión por picaduras: el enemigo invisible

La corrosión por picaduras (o pitting) es una de las formas de degradación más insidiosas, porque está extremadamente localizada y puede atravesar un espesor de metal en un tiempo récord.

  • El mecanismo: suele aparecer en metales «pasivados» (como el acero inoxidable o el aluminio). Una ruptura local de la capa protectora, a menudo causada por iones cloruro (sal), crea un punto de corrosión que se autoalimenta.

  • El aspecto: se manifiesta mediante pequeños agujeros o cavidades en la superficie, a veces casi invisibles a simple vista, mientras que el resto de la superficie parece perfectamente sana.

  • El peligro: puede provocar la perforación de un tanque o una tubería sin ningún signo previo de corrosión generalizada.

Las técnicas analíticas: del terreno al laboratorio

Cuando la inspección visual alcanza sus límites, el laboratorio toma el relevo para confirmar el mecanismo de corrosión y evaluar la peligrosidad de los defectos.

La metalografía (sección microestructural)

Es el examen de referencia para la corrosión por picaduras.

  • El principio: se toma una muestra, se pule hasta obtener un acabado espejo y luego se observa al microscopio óptico o electrónico.

  • Lo que se busca: la morfología de la picadura. ¿Es estrecha y profunda (tipo "pozo") o ancha y poco profunda? La metalografía permite medir la profundidad real de penetración, a menudo mucho mayor de lo que sugiere la abertura en la superficie.

El MEB-EDX

Para la corrosión galvánica, es fundamental identificar los elementos químicos presentes en los productos de corrosión.

  • El principio: el MEB permite ver las microfisuras con una resolución extrema, mientras que la sonda EDX analiza la composición química elemental.

  • Lo que se busca: la presencia de cloro (que confirma un ataque por picaduras relacionado con las sales) o la transferencia de iones de un metal a otro (que confirma un par galvánico).

Los ensayos electroquímicos

Los ensayos electroquímicos se utilizan para predecir el comportamiento de una aleación en un medio específico o para validar la protección catódica.

  • El principio: se trazan curvas de polarización para determinar el potencial de picadura (Epit).

  • La ventaja: si el potencial de servicio de su instalación supera este umbral Epit, la corrosión por picaduras se desencadenará inevitablemente. Es la herramienta definitiva para elegir el material adecuado incluso antes de la construcción.

La prueba de niebla salina

La prueba de niebla salina es ideal para simular una exposición severa de forma acelerada.

  • El principio: se colocan los conjuntos (por ejemplo, dos metales atornillados entre sí) en una cámara saturada de vapor salino.

  • La ventaja: es el método de referencia para comprobar si un aislamiento entre dos metales (tratamiento superficial, junta de teflón) cumple sus promesas frente a la corrosión galvánica a largo plazo.

Conclusión: dominar los mecanismos de corrosión, un imperativo industrial

Ya sea galvánica (nacida de una mala combinación de materiales) o por picaduras (nacida de una agresión local invisible), la corrosión nunca es una fatalidad. La clave de una infraestructura duradera reside en la capacidad de pasar de la simple constatación visual a una verdadera comprensión científica del fenómeno.

Saber distinguir estos dos mecanismos es el primer paso para elegir la estrategia de mantenimiento adecuada:

  • Para la galvánica: se aislarán los contactos o se jugará con la jerarquía de potenciales.

  • Para las picaduras: se optará por aleaciones más resistentes o por un control riguroso del entorno químico.

En caso de duda, la mirada del experto y los análisis de laboratorio siguen siendo sus mejores aliados. Un estudio metalográfico o una prueba electroquímica hoy le evitarán costosas paradas de producción o fallos estructurales críticos mañana.

Estamos a su disposición para responder a sus preguntas.